jueves, 20 de marzo de 2014
Nunca digas siempre.
Vamos por la vida terminando cosas y personas y nos aferramos a creer que algún día todo empezará donde lo dejamos, porque el "nunca digas nunca" es parte de nuestra forma de entenderlo todo. Pero no vemos que hasta el vivir, que es un hermoso verbo, tiene que terminar. Y vivimos y morimos. Y amamos y nos decepcionamos. Y volvemos a amar y tal vez dure mucho o poco pero acaba como la vida y como los árboles y como las mentadas de madre de quien nos desprecia. Entonces, si todo acaba, ¿por qué nos acostumbramos a no decir "nunca"? Creo que sería más fácil entenderlo todo si aprendiéramos el "NUNCA DIGAS SIEMPRE".
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