A ti te quiero. Mucho. Para todo.
Te quiero para mirar por la ventana a la gente apurada en las mañanas, te quiero para verte de reojo mientras te vistes, te quiero para decirte que me gustas de rojo pero no de azul.
Te quiero arriba, abajo, a un lado de mí. Te quiero contar un chiste, te quiero llevar al cine pero no quiero que veamos la película, te quiero aunque no huelas a pizza, aunque no sepas cocinar que para eso quiero yo las clases de cocina para dos.
Te quiero hasta cuando no quieres, hasta cuando creo que ya no quiero, porque aunque no lo diga, te quiero.
Y eso de quererte está bien porque yo cuando quiero, quiero bonito. Y es bonito quererte para tantas cosas, porque cuando me aburra de una buscaré otra, te quiero para no caer en la rutina nunca, para probar todos los sabores del mundo, para no llegar a mi casa dos días seguidos, para gastarme los ahorros de mis próximas vacaciones.
¡Ah, lo mucho que te quiero! Te quiero feliz, te quiero libre, te quiero conmigo a ratos y por siempre, te quiero.
Que pase lo que tenga que pasar.
Nada de lo dicho aquí tiene que ser real o correcto.
martes, 17 de febrero de 2015
domingo, 21 de diciembre de 2014
Ser mi propia religión.
Ser mi propia religión no es mala idea; dedicar un día completo a la semana solo para mí, acompañar mis festejos con vino, cantar ante lo bueno y lo malo, leer fábulas e historias ajenas para entender la vida y amarme por sobre todas las cosas, para que al final niegue mi propia fe si alguien me invita a pecar.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Los finales sí existen.
¡Qué aburrida sería la vida sin finales!
Lo digo en serio, qué triste sería que cualquier cosa alcanzara la perpetuidad por sobre todas las cosas, excluirla de esa parte del declive, como una montaña rusa sin bajadas emocionantes y finales donde la adrenalina dispara todas las emociones.
Sin finales no hay aprendizaje, ni catársis, ni avance; incluso la vida siendo tan fundamental se acaba, se replica y continúa pero no se queda para siempre.
Y todos lo sabemos de antemano, todo por servir se acaba -diría mi abuela- pero nadie sabe manejar esto, por eso los cuentos acaban con un "final feliz", ese momento de leyenda donde todo se resuelve para bien, los astros se alinean y la vida es inmejorable. Y se acaba. Porque no sabemos terminar.
¿Y cuándo puso en práctica Caperucita el no confiar en desconocidos? ¿Cuándo descubrieron las princesas que el primer amor es, precisamente, solo el primero? ¿Cuándo demostramos los humanos que levantarse es el paso inmediato después de la caída?
Necesitamos terminarlo todo, y cuando ya no haya más finales, podremos sentarnos a esperar el gran final, ese donde cerramos los ojos y nos vamos a la eternidad a recordar todas esas historias con sus increíbles desenlaces, con sus cierres, con sus aprendizajes...
Lo digo en serio, qué triste sería que cualquier cosa alcanzara la perpetuidad por sobre todas las cosas, excluirla de esa parte del declive, como una montaña rusa sin bajadas emocionantes y finales donde la adrenalina dispara todas las emociones.
Sin finales no hay aprendizaje, ni catársis, ni avance; incluso la vida siendo tan fundamental se acaba, se replica y continúa pero no se queda para siempre.
Y todos lo sabemos de antemano, todo por servir se acaba -diría mi abuela- pero nadie sabe manejar esto, por eso los cuentos acaban con un "final feliz", ese momento de leyenda donde todo se resuelve para bien, los astros se alinean y la vida es inmejorable. Y se acaba. Porque no sabemos terminar.
¿Y cuándo puso en práctica Caperucita el no confiar en desconocidos? ¿Cuándo descubrieron las princesas que el primer amor es, precisamente, solo el primero? ¿Cuándo demostramos los humanos que levantarse es el paso inmediato después de la caída?
Necesitamos terminarlo todo, y cuando ya no haya más finales, podremos sentarnos a esperar el gran final, ese donde cerramos los ojos y nos vamos a la eternidad a recordar todas esas historias con sus increíbles desenlaces, con sus cierres, con sus aprendizajes...
jueves, 13 de noviembre de 2014
Pale blue dot. Fragmento.
“Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.
La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada importancia, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.”
Carl Sagan en Pale Blue Dot: A Vision of the Human Future in Space
lunes, 3 de noviembre de 2014
Pasado, presente, futuro.
De mi pasado contigo solo te pertenece la mitad, y como si de un bien cualquiera se tratara, se devalúa con el paso el tiempo.
Mi presente le pertenece a alguien más, a quien me ha procurado día a día y hace que mis mañanas sean más que simples inicios de rutina.
Mi futuro es todo mío, lo construyo a cada paso, y en soledad o acompañado, juro que voy a disfrutarlo más que cualquier tiempo a tu lado.
domingo, 21 de septiembre de 2014
Frutos.
Hay sitios donde te quedas aunque no quieras, aunque no te necesiten, aunque no te noten, ahí estás.
Ahí es donde echas raíces y tu olvido da sus frutos, se convierte en dulce nostalgia y cae al suelo si nadie la toma primero.
Y estás ahí, de pie, perfumas la primavera y adornas el verano, pero en el otoño entristeces de nuevo, se llega noviembre y te desnudas, preparando la soledad del primer invierno donde me encontré sin ti.
Y así cada año, cada sentimiento, cada vida...
Ahí es donde echas raíces y tu olvido da sus frutos, se convierte en dulce nostalgia y cae al suelo si nadie la toma primero.
Y estás ahí, de pie, perfumas la primavera y adornas el verano, pero en el otoño entristeces de nuevo, se llega noviembre y te desnudas, preparando la soledad del primer invierno donde me encontré sin ti.
Y así cada año, cada sentimiento, cada vida...
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Vacíos.
No, no te confundas. Ese vacío que intento llenar desde tu partida no te pertenece. No es un hueco que tenga tu forma, no está hecho a tu medida.
Ese vacío, de hecho te queda grande, porque es el que hizo alguien más. Tú intentaste llenarlo, o más bien yo te pedí que lo llenaras, pero no lo lograste. Y te fuiste creyendo que habías perforado mi alma, pero yo estaba así.
Dices que busco a alguien para ocupar tu lugar, no entiendes que tú llegaste a mi vida para ocupar el lugar de alguien más...
Ese vacío, de hecho te queda grande, porque es el que hizo alguien más. Tú intentaste llenarlo, o más bien yo te pedí que lo llenaras, pero no lo lograste. Y te fuiste creyendo que habías perforado mi alma, pero yo estaba así.
Dices que busco a alguien para ocupar tu lugar, no entiendes que tú llegaste a mi vida para ocupar el lugar de alguien más...
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