Es el año 2012, acaban de anunciar un teléfono celular con todas las caracteristicas que siempre soñé, toma fotos y video, me dice cómo llegar al Oxxo más cercano y poco le falta para convertirse en robot y ser mi mejor amigo. Rompo el cochinito y me dirijo a la tienda a endeudarme un par de años con un plan de telefonía que seguro me queda grande.
Es el año 2013. El mismo celular que compré hace 5 o 6 meses ahora sale en color amarillo vocho y al agitarlo me dice la hora con una voz asexuada y fría. LO QUIERO.
El problema con la tecnología es que va más rápido que nosotros y no nos damos cuenta, año con año sale un nuevo teléfono, una cámara nueva, una aspiradora parrila lavamanos robot mejor que la anterior. Algunos le llaman obsolescencia planeada, pero la gran mayoría le dice "estar a la moda".
Desde mi punto de vista, muchas personas están poniendo en sus gadgets demasiada fe, como si un aparatejo de última generación les diera superpoderes o mejorara su aspecto físico. Yo solo veo un cacharro enorme y sobrevaluado que a la par hace que los bolsillos de mi pantalón se vean raros.
Pero, ¿quién soy yo para juzgar lo que hacen con el dinero de sus cumpleaños? Al final del día soy un fanático de la tecnología, me gustan los celulares con cámaras potentes y aplicaciones que hacen que mis fotos parezcan tomadas con cámaras descompuestas, me la paso mandando mensajes a gente que tarda en responder y casi nunca hago llamadas con mi teléfono porque a veces se me olvida que esa es su función principal.
Me quejo porque, como lo dije antes, la tecnología va muy rápido y no quiero que me deje atrás.
Ahora si me permiten, voy a tuitear al respecto con mi smartphone porque puedo y porque lo terminaré de pagar en el 2015.