No le temo a la gran mayoría de las cosas. Y eso es gracias a ti.
No le temo a la oscuridad, pues los mejores momentos contigo los vivimos sin luz, sentados juntos.
No le temo a la soledad, porque a tu lado siempre me sentí solo, pero feliz.
No le temo al frío, pero sí me enoja lo que te provoca sentirlo.
No le temo a hacer cosas descabelladas, porque esa era nuestra forma de vivir.
Tampoco le tengo miedo a las personas, porque tú eres una de ellas y me diste grandes cosas.
No te tengo miedo. No te necesito para vivir y no hay nada que puedas hacerme que sea peor que tu ausencia.
No le temo a la mayoría de las cosas, pero entre las que sí me causan miedo estoy yo.
Me da miedo lo que puedo hacer ahora que no estás tú para salvarme.
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