Dedicado para mis mejores amigos, personas con un poder impresionante para alterar mis sistemas de tormentas. No importa, vamos a vivir por siempre.
Las personas viven mucho tiempo en medio de huracanes. Se regocijan al saber que después de la tormenta siempre llega la calma, que al final las nubes se irán y el sol brillará de nuevo sobre sus cabezas.
Que lastima por todos ellos, que estan esperanzados a que el viento se lleve el huracán sin saber que el viento que esperan trajo la lluvia y los relampagos desde el principio.
Suele haber caos en nuestros mundos, hay gente que se aterra al ver el cielo nublado, ese vil presagio del próximo desastre.
Si el huracán es lo suficientemente fuerte, puede arrancar vidas. Como un gigantesco imán saca lágrimas de los ojos de los hombre más fuertes, destroza almas, tira al suelo los esfuerzos de las personas, destruye recuerdos buenos y genera recuerdos traumantes, heridas en la mente y corazón. La lluvia es más pesada que las conciencias de las personas.
Podemos descansar, esperar que el huracán se vaya, refugiarnos bajo techos, dentro de nuestras propias cuevas como nuestros antepasados, podemos huir del rayo e ignorar los truenos, secarnos la lluvia y cubrirnos del frío, pero no podemos acelerar el paso de la tormenta. A eso se le llama resignación. Cuando no podemos hacer otra que esperar. Sabemos que no hay nada que hacer.
Eventualmente la lluvia cesará, y sí, salen a celebrar en grupo, admiran ese cielo azul. Y todo podría estar bien unos minutos, unos días, mucho tiempo.
Y al otro lado del mundo, una mariposa aletea, vuela a su casa, altera el sistema. En algún momento esa corriente de aire generada por su débil aleteo cambiará todo lo que conocemos, todo lo que sabemos, todo lo que sentimos. Las corrientes de aire cambian, bajas y altas presiones conviven en el aire, intoxican las predicciones meteorológicas, se está creando una tormenta contra el mundo y contra nosotros.
La pequeña mariposa no sabe lo que ha iniciado, se convierte en ese enemigo implícito que no vemos, pero sabemos que ahí está. Al buscar a la mariposa para enfrentarla, caemos en la cuenta, una gota de lluvia ha tocado nuestras manos, la tormenta ya está aquí.
No tuviste tiempo para buscar refugio. No hay donde esconderte, el primer trueno ha tocado tierra y sientes la chispeante vibra lumínica recorrer tu piel. Pero esta vez te preparaste, no sientes el frío, no sientes el viento, no sientes el agua. No sientes el miedo.
Esperaste la tormenta, te entrenaste para ella. Y pasa, solo es agua, solo es aire, solo es luz. Al terminar, la mariposa está en tu mano. Tu palma abierta recibe a quien creó el caos. Basta con cerrar el puño, el enemigo ha terminado su existencia y las tormentas no regresarán jamás.
A lo lejos, nubes en el cielo. No es la misma nube oscura de tormenta, de huracán. es una nube de colores, de pequeños aleteos. Miles de mariposas agitando de nuevo el sistema y tú debes enfrentarte a ellas.
Y tú, ¿eres de los que esperan el inicio de la tormenta, o de los que esperan el fin de ella? ¿De los que buscan a las mariposas o ignoran por completo su existencia?
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